Thursday, March 12, 2015

Cambiando la Mirada



Solía ponerme de espaldas y juzgar; levantar el dedo y repetir mi canción, de falsa moral, que solo servía para hacerme quedar bien,  a mí. Todo resulta más fácil cuando deshumanizamos al otro porque así lo criticamos sin culpa.
Pero en algún momento dejó de servirme, empezó a provocarme lo contrario de lo que buscaba y mi mirada cambió. ¿Sera aquello que llaman aprendizaje, será evolucionar, o será algo más?
Nunca conocimos a los padres de Oli ni a ningún familiar, pero ojala que alguna vez los encontremos, especialmente si él nos lo pide.
Conocí a los padres de Matteo y a su abuela. Conozco a la mamá y algunos familiares de Luca. Por suerte.
Ahora puedo estar seguro de que ninguno de ellos nació de algo horrible, sino de mujeres, de sus madres, que si, que se equivocaron, y en sus equivocaciones perjudicaron a otros, especialmente a sus hijos. Pero yo no soy quien para juzgarlas.
La madre de Matteo nunca tuvo la oportunidad de recuperarlo. Por eso el bebe se fue a vivir con su papá y su abuela materna.  Ella se equivoco mucho, muchas veces. Pero yo sé que aun así lo amaba. Porque los problemas que haya tenido no tienen nada que ver con sus sentimientos hacia su hijo. Y qué mejor que que el poco rato que ella pudo compartir con Matteo fueran momentos de placer entre madre e hijo.
Cuando Matteo se fue y conocí a su abuela y a su padre, supe que mi ‘hijo’ se fue a vivir con gente, con quienes querían tenerlo y criarlo; no se iba con fantasías de personas horribles. Eran personas concretas, como yo.

Y aun en casos (los cuales no hemos tenido, al menos hasta ahora) donde han ocurrido cosas muy terribles, cosas inimaginables, tengo que entender que esos niños no han nacido de monstruos, aunque sus acciones hayan sido monstruosas. ¿Porque? Porque esos niños están conectados, aunque sea, biológicamente con sus familias y juzgar a unos es juzgar a los otros. ¿Que creen que pensaran esos niños de sí mismos si nosotros manifestamos la poca humanidad de sus progenitores?
 Por supuesto nuestros hijos siempre tienen que conocer la verdad, su historia, por fea que sea o nos parezca. Porque les pertenece. Podemos compartir lo que sabemos, dependiendo de la edad, pero sin exagerar, sin apuntar con el dedo, acompañándolos en su dolor por aceptar su pasado y lo que han perdido. Nuestro deber es acompañar, lo cual es mucho.
Aunque a muchos de nosotros, los padres adoptivos, nos sirva el “padre/madre es aquel que cria,” nos debemos una mirada humilde para entender que aquellos también fueron padres/madres, que si, por el motivo que sea, no los han criado y gracias a eso (suene bien o suene mal) hoy somos nosotros quienes aman a esos niños.
 Yo personalmente no soy mejor padre, no los amo mas a mis hijos, ni pierdo un céntimo del amor de mis hijos por humanizar a sus primeros padres, por entender que mis niños son parte fundamental de ellos.