Wednesday, July 25, 2012

Casi, Casi

Tan solo una semana falta para que se termine el papelerío, para que vayamos a corte y nuestro hijo lleve definitivamente el nombre que elegimos para él y nuestros apellidos.
Y de a poquito me voy poniendo ansioso, y nervioso y sensible. Pienso en todo lo que hemos caminado para llegar hasta acá.

No sé cuando fue la primera vez que sentí el deseo de ser padre. Recuerdo que cuando pequeño, mis héroes no eran ni Superman ni el Hombre Araña ni el Chapulin Colorado; eran mi abuelo y mi abuela, los paternos. Quería ser como ellos; tener hijos y nietos y casa con patio con parral y comidas todos juntos.


Cuando me di cuenta que era gay, no tuve un periodo de duelo - como a muchos les ocurría en aquellos tiempos - por la realización de que no iba a tener una familia y por ende no iba a ser padre. No es que veia las cosas diferente, es que me estaba enamorándome de Ale; yo vivía en mi propio mundo. Estaba tan orgulloso de lo que sentía y de mi pareja que jamas paso por mi cabeza ocultarlo. No entendía de diferencias.
Ni siquiera estaba militando. Pura inocencia.

Y desde aquellos días, sin pensarlo, supe que algún día seria padre por seguro. Y que adoptar seria mi manera, mi única opción. No la ultima, no la segunda, no la que me quedaba porque no podía de otra manera.

Y supe, cuando enamorándome de Ale, que él seria el padre de mi hijo/a.
Eso si, espere dos años para contarle porque no quería asustarlo de entrada. No quería que piense que me fallaba la cabeza. Igual, cuando se lo dije, no me tomo en serio (quien lo hubiera hecho mas de 20 años atrás?).
Ale pensó por mucho tiempo - y con razón - que no seria justo exponer a un hijo/a a los terribles prejuicios de una sociedad (en aquel tiempo vivíamos en Buenos Aires) que no estaba preparada para ver a dos hombres criando a un chico.

Y la vida nos llevo por acá y por allá. Y espere.
Igual siempre supe que quería ser papa después de los 40.
Entonces hace unos años la conversación volvió. Y Ale lo miro de otra manera. Y empezamos a charlar.


Hoy, cuando lo veo jugar con Oli y llorar por Oli (siempre de alegría), y los veo reir juntos; y veo a Oli desesperarse por su daddy cuando llega a casa, se me llena el corazón de algo, de algo que me atraganta.

Tengo tan presente aquel día que fuimos a visitar al hospital a quien seria nuestro hijo, ahí en cuidados intensivos porque eran tan chiquito y flaco, algo prematuro. Y sentí que nos necesitaba tanto, tanto, casi tanto como nosotros a él.
Poco me imagine que la emoción que sentí aquella tarde era tan solo una porción de lo que este chico me iba a hacer sentir cada día después.

No puedo dejar de dar gracias a la vida por todo lo que tengo, por lo que he tenido, por aquellos que desearia que estén pero que igual estan, y por todos los que hacen nuestra gran familia.
Debo dar gracias a mi hijo por hacerme tan feliz; y sobre todo, mas que a nada ni a nadie, a mi Ale, a mi marido, porque sin él nada seria posible.