Sunday, December 26, 2010

"No vi Anta"

Navidad nunca fue una de mis fiestas preferidas; siempre amé fin de año con la familia de mi papá. Quizás navidad no lo fue porque no significaba demasiado para nosotros – mi familia nunca tuvo ninguna religión – o porque nunca se siguieron tradiciones. Siempre fueron diferentes. Cuando chico, a veces la pasábamos con la familia de mi mamá, familia de la cual no tengo muy buenos recuerdos. Más tarde estábamos en casa pero sin demasiado entusiasmo.

De adulto y ya junto a Ale, empezaron a cambiar las cosas. Algunas navidades fueron con amigos y familias y mucha alegría. Claro, comenzábamos a elegir nuestra gente. Recuerdo una en especial en la terraza de nuestra casa de Munro (Buenos Aires) allá a finales de los 90s, con mi vieja y hermanos, los papas de Ale y su hermano, y tíos, primos, amigos y millones de pequeños regalos para todos.
Pero desde que nos vinimos a California no encontramos esto hasta hace un par de años en que empezamos a pasarla con nuestra familia americana (así nos llamamos con nuestros amigos cercanos). Nosotros queremos seguir con nuestras tradiciones y construir las propias y ellos comparten esta manera de pensar.

Pero claro, aparte estaban las nenas. No podía ser más especial. Y lo fue.

Ya hacía días veníamos cebándolas y las dos querían ver a Anta (Santa). Luces y decoraciones en todos lados solo potenciaban la situación. Las dos sabían porque eran la cena, los tíos y que ocurriría. Cerca de medianoche, empezamos a subir la presión hasta que alguien dijo, “creo que vi pasar a Santa por la ventana.” Y todos corrimos al oscuro patio. De repente enchufamos las cientos de luces y los dos muñecos que habíamos instalado entre las plantas y todo se ilumino ante sus ojos de absoluto asombro. Sami, Jessi y el primo Nathan no podían cerrar sus bocas.

Mientras tanto, Ale y el tío David ponían todos los paquetes debajo del árbol en nuestro living junto a la chimenea. Alguien volvió a gritar, “creo que vi a Santa adentro.” Y volvimos a correr.

Me es imposible encontrar palabras para describir sus caras. Jessi, por ser la más grande, es quien se emocionó más. No podía sacarse la mano de la boca ni parar de reírse, nerviosa, casi con lágrimas en los ojos. Su única decepción? “No vi Anta,” repitió una y otra vez. Y ahí nosotros explicando que no tuvo tiempo por haber tantos chicos.

Recibieron muchos regalos, como era de esperar, pero cada uno de ellos pensados de acuerdo a sus gustos (gracias tíos!). Nosotros les compramos un triciclo/moto de Dora La Exploradora a cada una. Lo más maravilloso es que disfrutan y agradecen desde los regalos más pequeños a los más grandes, desde juguetes hasta ropa.

Salió como queríamos, empezamos a construir nuevas tradiciones conservando algunas de las viejas. Ha sido especial. Ha sido única. Y aunque fuese la única con ellas, quedara en nuestra memoria como una de las más hermosas.

PD: la foto esta tomada unos dias antes, en el Babyshower de Fatima, en donde estrenaron las bombachas de gaucho que les mando la abuela Isa. Gracias mami!